martes, 12 de junio de 2018

Base Naval de Guantánamo: La herida que no cierra más de un siglo después.
























Por Julio Barrios.

Cuba no olvida que le fue impuesta por la fuerza hace más de un siglo, gracias a la colonial  e injerencista Enmienda Platt.

Gitmo, la conocida base militar estadounidense en el oriente rebelde de Cuba, fue una de las consecuencias más dolorosas -y que aún perduran-, de aquella “independencia” hecha a la medida y conveniencia del naciente imperio yanqui.  Desde entonces es una afrenta a la soberanía de la Patria. 

La US Naval Station Guantánamo Bay, como también la denominan los militares norteamericanos, registra un largo historial de actos infames y criminales contra Cuba.

Entre 1939 y 1958 los marines estadounidenses convirtieron a las localidades de Guantánamo y Caimanera en los más infames centros de vicios del Caribe.  
Caimanera y marines.
Para ilustrar lo anterior basta citar que Caimanera, un poblado de apenas cinco mil habitantes,  contaba por entonces con 27 prostíbulos.  Cada día, la base “soltaba el franco” y miles de soldados norteamericanos invadían aquel empobrecido villorrio en busca de alcohol, sexo, juego y drogas.  Allí se registraba una de las tasas más altas de enfermedades venéreas en la región.

Aquella Caimanera.
La base naval de Guantánamo no solo generó vicio y humillación.   El enclave militar estadounidense brindó apoyó a la aviación del dictador Fulgencio Batista, contra los rebeldes que combatían en la Sierra Maestra.  

La historia demuestra que este respaldo no fue obra de la casualidad.  El general Batista visitó en dos oportunidades la base: En 1936 como Jefe del Ejército y en 1955 como Presidente de facto.  El dictador tenía allí turbios negocios, entre ellos los vinculados con la prostitución.

El "legado" de los marines estadounidenses en la Cuba de entonces.












Con el triunfo de la Revolución en 1959 quedó cortado de raíz el entramado de vicios y prostitución.  Desde entonces, la base naval estadounidense fue el epicentro de decenas de hechos de provocación y violaciones de la soberanía cubana, que costaron la vida a combatientes y civiles. 

Entre los mártires caidos en esta frontera ilegal están Ramón López Peña, herido mortalmente por los marines estadounidenses el 19 de julio de 1964, o Luis Ramírez López,  quien perdería la vida el 21 de mayo de 1966, o el pescador Rodolfo Rosell, torturado y asesinado en julio de 1962.

En 2001, la base naval fue reconfigurada como prisión y fue usada para albergar a prisioneros sospechosos de nexos con Al - Qaeda y el ejército talibán capturados en Afganistán.  Unos 800 prisioneros de más de 40 países estuvieron detenidos en sus instalaciones. 
Como centro de detención y tortura.

La tortura y los malos tratos a los detenidos  fueron en aumento hasta que en mayo de 2004, el Comité de las naciones Unidas contra la Tortura pidió a Estados Unidos que cerrara el centro de detención de Guantánamo, por violar la legislación internacional.   Washington ignora ese llamado hasta el día de hoy.

Los tratados internacionales ponen totalmente al descubierto la ilegalidad de la base naval de Estados Unidos en territorio cubano.

Baste recordar que la Convención Internacional sobre Derecho de tratados, celebrada en Viena,  en 1969,  declaró en su artículo 52 como NULO,  todo tratado cuyo consentimiento se alcance con la amenaza o uso de la fuerza.  Tal como ocurrió en la instalación de Guantánamo.

El arrendamiento de las tierras y aguas cubanas al gobierno de los Estados Unidos para el establecimiento de la base naval en Guantánamo, según el Tratado Permanente de 1903, se realizó por el tiempo que necesitara Estados Unidos.    Al no fijarse fecha de devolución y quedar a perpetuidad si así lo deseaban los estadounidenses, se viola lo establecido legalmente para este tipo de convenio, pues resulta un absurdo jurídico que el propietario de algo no sea capaz de recuperar en un momento dado su propiedad.

Cuba sostiene que el camino para recuperar este enclave ilegalmente ocupado, es el de la solución pacífica y negociada;  pero sin renunciar jamás a esa porción del territorio nacional.

Los ocupantes tendrán que retirarse bajo el peso de la historia y la razón.


lunes, 11 de junio de 2018

Vargas Llosa y la violencia.

Mister Mario siempre extiende su mano a la extrema derecha.

Atilio A. Boron.

Demostrando que los años lejos de tornarlo más sabio han potenciado su obcecación y su fanatismo Vargas Llosa declaró hace un par de días en Madrid que la elección de Gustavo Petro en la próxima elección presidencial de Colombia sería un grosero error. 

Según el novelista peruano Petro es “un candidato muy peligroso que puede empujar a Colombia cada vez más hacia soluciones de tipo colectivista y estatista, es decir, a un populismo.” 

Por supuesto, se trata de opiniones que carecen de fundamento. A esta altura de su vida Vargas Llosa no se preocupa por estudiar seriamente los temas sobre los cuales opina sino que emite despreocupadamente sus “ocurrencias”, productos cerebrales que no deben confundirse con las ideas, que son expresión de un razonamiento complejo por completo ausente en aquéllas. 

En el caso que nos ocupa no sólo el Nobel peruano no se tomó la molestia de estudiar la propuesta de Petro y de Colombia Humana, la coalición política que lo apoya, sino que además se permitió incurrir en un dislate mayúsculo al afirmar que Colombia “es una democracia que funciona; las instituciones en Colombia funcionan, hay una tradición institucional.” 

Una democracia que estuvo en guerra durante más de cincuenta años y que por la presión de una parte del Congreso y el Poder Judicial (no así la Corte Constitucional) ha incumplido y saboteado sistemáticamente el proceso de paz. 

Recordar también que, cuando consultada, la población rechazó los acuerdos de paz entre el gobierno y la guerrilla (50.2 % por el no, 49.8 % por el sí) y los medios de comunicación tuvieron mucho que ver con tan lamentable resultado que mostró, además, la profunda fractura que divide a la sociedad colombiana. 

Una democracia que, según cifras oficiales “desde el momento de la dejación de armas en junio de 2017, han sido asesinados 85 ex combatientes o sus familiares … y entre comienzos del año pasado y lo corrido de este, la violencia homicida ha recaído sobre 260 ‘líderes sociales’, entre los cuales cuentan parte de los 166 de Marcha Patriótica asesinados entre el 2011 y 2018”. 

Seguramente cuando Vargas Llosa habla de “tradición institucional” estará pensando en la que instituyó el padrino del candidato que goza de su favor, Iván Duque. Hablamos, claro está, del narco político Álvaro Uribe Vélez, denunciado como tal por el FBI y la DEA en 1991 y que desde entonces es un rehén de Washington, so pena que le pase lo que le ocurrió a otro narco presidente, el panameño Manuel Antonio Noriega, que terminó purgando una condena de cuarenta años de cárcel. 

En su condición de rehén de Estados Unidos Uribe -y por extensión su peón, Iván Duque- deberán hacer lo que Trump les ordene. Y si el rehén del rehén no obedece Uribe puede seguir los pasos de Noriega. 

Seguramente que para Vargas Llosa este es un detalle menor que para nada empaña la inmaculada tradición institucional de Colombia. Lo mismo que haya 13 estrechos colaboradores durante la presidencia de Uribe Vélez condenados o procesados por la justicia colombiana.   

O que, cuando presidente, Uribe Vélez hubiera organizado el reclutamiento (o el secuestro) de miles de jóvenes colombianos de los pueblos más apartados del país engañándoselos con la promesa de un empleo, se les vistiera de guerrilleros y luego se los fusilara, para mejorar las estadísticas, presentando a esas víctimas como prueba de la “eficiencia” de la política de combate a la guerrilla que proponía el presidente. 

Hay que recordar que cómplice de estos crímenes fue el actual presidente Juan Manual Santos, que era su Ministro de Guerra. Las fosas comunes que se encuentran por todo el territorio colombiano son otro indicio de la calidad de la democracia de ese país, puesta en peligro ahora por la candidatura de Gustavo Petro lo mismo que los más de siete millones de desplazados por el paramilitarismo, el narcotráfico y el conflicto armado. 

En fin, las listas de las monstruosidades perpetradas por esta peculiar “democracia” colombiana sería interminable. 

Pero eso no arredra en lo más mínimo a Vargas Llosa, devenido en un killer literario fiel a sus reaccionarias obsesiones y leal con sus jefes políticos en Washington y Madrid. 

Por eso sale a matar con sus palabras a quienes, como Petro o López Obrador hoy, y antes Cristina Fernández, Dilma Rousseff, Lula, Chávez, Maduro, Correa, Evo, Kirchner, en suma, a todos los que tuvieron la osadía de negarse a ser sirvientes del imperio. 

¿Cómo calificar la conducta del narrador peruano?   Simple. 
Eso se llama “apología de la violencia”, y es una figura criminal.

La foto que lo dice todo de las relaciones de Estados Unidos con sus presuntos aliados.

Merkel, Macron y otros líderes del G7 rodean a Trump en una reunión informal de la cumbre. JESCO DENZEL / CANCILLERÍA ALEMANA

Por: Íñigo Sáez de Ugarte.

Las grandes cumbres de jefes de Estado y Gobierno raramente ofrecen imágenes memorables. En un entorno protegido por las medidas de seguridad y la idea de que hay que mantener alejados a los periodistas, todo ocurre detrás de una puerta cerrada.

La cumbre del G7 celebrada en Quebec ha deparado una fotografía con varios de sus protagonistas en una escena con lecturas interesantes. Lo primero que hay saber es cómo llegó la foto a Twitter, porque no procede de un medio de comunicación. 

La distribuyó Steffen Seibert, un exvperiodista que dirige la oficina de prensa del Gobierno alemán. Su autor es Jesco Denzel, fotógrafo que forma parte de la delegación alemana en la cumbre.

Los protagonistas.

Hay dos personajes fundamentales en la imagen y uno de ellos es Donald Trump. Hemos visto ya muchas imágenes del presidente de Estados Unidos demostrando su ego y su particular idea del poder. 

Esta va aún más lejos. Trump aparece sentado mientras todos los demás están de pie. No aparenta estar muy preocupado, sólo escucha lo que le dicen, pero con los brazos cruzados no parece muy interesado en los argumentos que escucha de sus interlocutores.

Se diría que le están intentando convencer de algo. Y que no está muy dispuesto a aceptar esas ideas.

Frente a él, está Angela Merkel. Es la que parece llevar la iniciativa en la conversación al menos justo antes de que se hiciera la foto. La canciller alemana tiene las dos manos sobre la mesa en una actitud que puede ser desafiante o cuando menos decidida. Se ha inclinado hacia Trump para dejar clara su posición.

Los otros.

En realidad, Trump no está mirando a Merkel en ese momento, sino a Emmanuel Macron, situado a la derecha de Merkel. El presidente francés, que es el que habla en ese instante, también tiene una mano sobre la mesa. Otro gesto decidido de alguien que pretende explicarse.

A su derecha, está la primera ministra británica, Theresa May, a la que casi no se ve al estar tapada por Larry Kudlow, director del Consejo Económico Nacional, es decir, el principal asesor económico de Trump en la Casa Blanca. Kudlow es un conocido partidario del libre comercio, pero en este asunto está obligado a seguir las instrucciones de su jefe.

Al lado de Merkel, está Shinzo Abe, primer ministro japonés. Con los brazos cruzados, no está muy entusiasmado con el curso de la conversación. A su izquierda, aparece John Bolton, el neoconservador al que Trump nombró hace unas semanas consejero de Seguridad Nacional.

Las razones de la difusión de la foto.

No es habitual que las delegaciones de una cumbre como esta hagan públicas imágenes de los encuentros informales que se producen fuera del plenario o de las reuniones bilaterales.

Un pool de fotógrafos tiene permiso para tomar imágenes antes de que comience la reunión. Luego deben abandonar la sala.

El portavoz de la delegación alemana distribuyó la foto por Twitter muy consciente de la interpretación que se haría de ella. Todos rodean a Trump intentando convencerle de algo, es decir, que cambie de opinión, y su interlocutor se muestra impasible, casi divertido por la atención.

La foto presenta a Merkel como la política que se atreve a enfrentarse al presidente de Estados Unidos. También están ahí Macron, May y Abe, con posiciones políticas similares a la de alemana. Pero Merkel está en el centro, autoerigida en líder del mundo antiTrump.

Es posible que en Estados Unidos a muchos de sus partidarios no les incomode lo que ven. Creerán ver al líder que les prometió que iba a defender sus intereses y que en la campaña electoral dijo en numerosas ocasiones que los tratados internacionales de comercio perjudican a su país.

"America First", dijo en su toma de posesión, y esta es su particular forma de demostrarlo. Ya no hay aliados, sino competidores.

El choque de la cumbre.

Los gestos de todos indican que la conversación, o enfrentamiento, no va por buenos derroteros. 

Nadie está sonriente ni relajado. Conviene recordar que todos los participante son aliados, los máximos responsables de gobiernos que comparten ideología. Los que se ven son conservadores o liberales. Son el G7, el club privado de los gobiernos más poderosos del mundo (EE.UU., Alemania, Francia, Reino Unido, Japón, Italia y Canadá). 

Al menos, así aparecen definidos en muchos artículos, aunque la denominación ha quedado obsoleta al dejar fuera a China, mucho más influyente que la mayoría de los países que se reúnen en estas citas.

Están divididos. A expensas de saber lo que hará el Gobierno italiano que se acaba de formar, los demás están enfrentados a la política aislacionista de Trump.

Para entender la imagen de ese enfrentamiento, hay que recordar las palabras de Trump en la rueda de prensa del sábado. Ofreció la idea de eliminar todos los aranceles comerciales existentes, pero su prioridad era otra. Lo que de verdad quería era denunciar las supuestas prácticas comerciales injustas de los aliados de Estados Unidos por la existencia de unos aranceles que en realidad son muy bajos.

Algunos países sí protegen con mayores aranceles algunos sectores de especial importancia económica o política para ellos, una práctica que también adopta Estados Unidos.
"Hay que acabar con esto o dejaremos de comerciar con ellos", dijo. "Y es una respuesta muy rentable si tenemos que hacerlo. Somos como la hucha que todos están robando, y eso se va a acabar".

Trump insistió en la cumbre en su idea de que todo el sistema económico internacional es una estafa organizada en la que los estadounidenses son lospaganos. Se refiere a un sistema económico y comercial instaurado por Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial y que ha favorecido a ese país desde entonces.

Trump ve las relaciones comerciales como un juego de suma cero. Si Estados Unidos tiene un alto déficit comercial con algunos países es porque le están engañando. Al presidente incluso le molesta que se vean tantos coches de la marca alemana Mercedes en las ciudades del país.

Por eso, acaba de aumentar los aranceles a la importación de acero y aluminio desde Europa y Canadá. 

El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, anunció que responderá con la misma moneda y que no permitirá que su país sea intimidado de esta manera.

El economista Paul Krugman ha definido esta cumbre como una "debacle". El resultado puede ser una guerra comercial "o incluso el colapso de la alianza occidental".

Próximo destino: Singapur.

Después de la cumbre, Trump cogió el avión con destino a Singapur, donde se celebrará su esperada cumbre con Kim Jong-un. Es un acontecimiento sin precedentes que nadie sabe cómo concluirá. 

Supone un gran éxito propagandístico para el líder de Corea del Norte y tiene como gran obstáculo la exigencia norteamericana de que ese país renuncie a su arsenal de armas nuclear.

Para Trump, todo va a ser muy fácil. Dijo en la rueda de prensa que sabrá en menos de un minuto si habrá acuerdo. 

"Ya saben eso que se dice que sabes si te va a caer alguien en los primeros cinco segundos. 
 ¿Lo han oído alguna vez? Bien, creo que sabré muy rápidamente si habrá buenas noticias".

En cinco segundos.