viernes, 24 de agosto de 2018

El plástico de nadie sobre las playas de todos.


Un informe de la organización europea Ecologistas en Acción,  asegura que cada año entran a los mares del mundo entre seis y ocho millones de toneladas de basura, que se distribuyen por todos los océanos y zonas costeras. 

Estos desechos están compuestos en más de un 80 por ciento por plásticos, que tardan en degradarse entre 150 y mil años, según su composición.

Estudios afirman que la llegada de residuos al medio marino, provenientes desde tierra, puede incrementar hasta en un 40 por ciento la cantidad de basura en algunas playas, derivada en muchos casos de la actividad turística.

Nuestro país no es ajeno a esta realidad.  Hoy Cuba trabaja en un proceso de ordenamiento territorial de sus zonas costeras para protegerlas de las agresiones de la naturaleza y de los seres humanos. 

Se presta especial atención a la preservación de las playas, unas de las riquezas naturales de la nación.  Es por ello que el programa denominado “Tarea Vida” recoge entre sus tareas, acciones encaminadas a la restauración y conservación de los balnearios.

Pero esta batalla a favor de la naturaleza y la vida avizora ser intensa y compleja.

El parque Nacional Guanahacabibes, en la provincia de Pinar del Rio,  es una de las mayores y mejor conservadas reservas naturales de nuestro país.  Desde 1987 fue declarado por la UNESCO Reserva de la biosfera.  Es un área con enorme potencial para el desarrollo del turismo de manera sustentable.
 
Por la posición geográfica que ocupa, la península de Guanahacabibes resulta muy afectada por los desechos vertidos al mar.  Sus costas están bajo la influencia de las corrientes provenientes del Golfo del México y del Mar Caribe occidental. Por esta razón se estima que miles de kilogramos de basura llegan cada año sus litorales.

Sin embargo, NO todos estos residuos arriban a esta área protegida provenientes del mar.

Un grupo de trabajo de Radio Guama visito en días recientes el sector Playa La Bajada-Playa Uvero Quemado, en la Bahía de Corrientes y lo contemplado allí resulta alarmante.

Peligrosos desechos aparecen abandonados por doquier entre la vegetación costera y la duna de la playa.  La mayoría de ellos peligrosos para la vida marina, como jabas y botellas de plástico, además de envases de vidrio y las omnipresentes latas de refresco y cerveza. 

Allí la impunidad y la desidia parecen darse la mano para enlodar ese tramo de litoral paradisiaco.

 















Tampoco ayuda a la conservación de la zona, que estas áreas de baño carecen de la infraestructura necesaria para recuperar la basura generada por los visitantes, dígase cestos o recipientes donde depositar los residuos.

Autos estacionados sobre la duna y visibles daños a la vegetación costera, también son parte del desatino reinante.  Incluso, sorprendió ver a personas portando equipos de caza submarina, en un área que parece estar destinada solamente al buceo contemplativo.

Daños visibles a la vegetacion.
En general se hacía notar la falta de orden y la ausencia de alguna autoridad que hiciera respetar lo legislado para la protección del litoral.

Ante esta realidad, se impone tomar decisiones para minimizar el impacto ecológico que causa la llegada a estas playas de un número creciente de visitantes, una parte de ellos sin una elemental educación medioambiental, ni compromiso con el cuidado del entorno.

 
Para ello se precisa del empeño de organismos, instituciones y autoridades encargadas de velar por el cuidado de esta área costera, antesala del afamado balneario María la Gorda.   También, por supuesto,  de la colaboración de los que acuden a disfrutar de un día de sol y playa. 

Sandinenses, pinareños, cubanos en general, debemos ser los principales guardianes de estas bellas zonas del litoral, regalos invaluables de la naturaleza al occidente de Cuba. 

Es ineludible seguir insistiendo en el despertar de la conciencia ciudadana,  en la promoción de una cultura ecológica,  en la multiplicación de proyectos como “Costa Limpia”, que involucra a estudiantes universitarios, la comunidad y trabajadores del lugar.   Pero también que las autoridades,  con mano firme y respetable, hagan cumplir lo establecido en las leyes cubanas.

Solo así podremos atenuar los efectos del cambio climático en nuestro litoral, provocado por un mundo que globalizó la contaminación y el consumismo y que parece empeñado en su autodestrucción.










domingo, 29 de julio de 2018

La lluvia no pudo aguar la fiesta en Pinar del Río.

Carnaval pinareño 2018.  

La fuerte lluvia de la tarde sabatina intentó alejar a los vueltabajeros del carnaval 2018, que desde el miércoles último y hasta hoy domingo tienen lugar en la ciudad de Pinar del Río.  

Pero apenas aflorado el sol, la plaza de la ciudad comenzó a llenarse como en días anteriores. 


Llegada la noche, el entusiasmo y la algarabía de miles colmaron hasta el tope todos los rincones de este espacio festivo, que ya comienza a quedar pequeño para tantos que carnavalean.

Aéreas suficientes quedan hoy sin utilizar en los alrededores de la plaza, sobre todo para ubicar los kioscos que hoy ocupan buena parte de una de las calzadas del concurrido vial Colón.

Se hace evidente que esta senda debe quedar totalmente despejada para facilitar el paso expedito de miles, sobre todo cuando la otra vía se cierra al paso peatonal para el desfile de carrozas y comparsas.

Debe ser este un detalle a tener en cuenta por los organizadores  para futuros festejos. 

Una vez amainada la inoportuna lluvia, la noche del sábado fue una apoteosis de congas, tambores, colorido y cubanía.


Caia la tarde y la plaza comenzaba a llenarse.
 

martes, 12 de junio de 2018

Base Naval de Guantánamo: La herida que no cierra más de un siglo después.
























Por Julio Barrios.

Cuba no olvida que le fue impuesta por la fuerza hace más de un siglo, gracias a la colonial  e injerencista Enmienda Platt.

Gitmo, la conocida base militar estadounidense en el oriente rebelde de Cuba, fue una de las consecuencias más dolorosas -y que aún perduran-, de aquella “independencia” hecha a la medida y conveniencia del naciente imperio yanqui.  Desde entonces es una afrenta a la soberanía de la Patria. 

La US Naval Station Guantánamo Bay, como también la denominan los militares norteamericanos, registra un largo historial de actos infames y criminales contra Cuba.

Entre 1939 y 1958 los marines estadounidenses convirtieron a las localidades de Guantánamo y Caimanera en los más infames centros de vicios del Caribe.  
Caimanera y marines.
Para ilustrar lo anterior basta citar que Caimanera, un poblado de apenas cinco mil habitantes,  contaba por entonces con 27 prostíbulos.  Cada día, la base “soltaba el franco” y miles de soldados norteamericanos invadían aquel empobrecido villorrio en busca de alcohol, sexo, juego y drogas.  Allí se registraba una de las tasas más altas de enfermedades venéreas en la región.

Aquella Caimanera.
La base naval de Guantánamo no solo generó vicio y humillación.   El enclave militar estadounidense brindó apoyó a la aviación del dictador Fulgencio Batista, contra los rebeldes que combatían en la Sierra Maestra.  

La historia demuestra que este respaldo no fue obra de la casualidad.  El general Batista visitó en dos oportunidades la base: En 1936 como Jefe del Ejército y en 1955 como Presidente de facto.  El dictador tenía allí turbios negocios, entre ellos los vinculados con la prostitución.

El "legado" de los marines estadounidenses en la Cuba de entonces.












Con el triunfo de la Revolución en 1959 quedó cortado de raíz el entramado de vicios y prostitución.  Desde entonces, la base naval estadounidense fue el epicentro de decenas de hechos de provocación y violaciones de la soberanía cubana, que costaron la vida a combatientes y civiles. 

Entre los mártires caidos en esta frontera ilegal están Ramón López Peña, herido mortalmente por los marines estadounidenses el 19 de julio de 1964, o Luis Ramírez López,  quien perdería la vida el 21 de mayo de 1966, o el pescador Rodolfo Rosell, torturado y asesinado en julio de 1962.

En 2001, la base naval fue reconfigurada como prisión y fue usada para albergar a prisioneros sospechosos de nexos con Al - Qaeda y el ejército talibán capturados en Afganistán.  Unos 800 prisioneros de más de 40 países estuvieron detenidos en sus instalaciones. 
Como centro de detención y tortura.

La tortura y los malos tratos a los detenidos  fueron en aumento hasta que en mayo de 2004, el Comité de las naciones Unidas contra la Tortura pidió a Estados Unidos que cerrara el centro de detención de Guantánamo, por violar la legislación internacional.   Washington ignora ese llamado hasta el día de hoy.

Los tratados internacionales ponen totalmente al descubierto la ilegalidad de la base naval de Estados Unidos en territorio cubano.

Baste recordar que la Convención Internacional sobre Derecho de tratados, celebrada en Viena,  en 1969,  declaró en su artículo 52 como NULO,  todo tratado cuyo consentimiento se alcance con la amenaza o uso de la fuerza.  Tal como ocurrió en la instalación de Guantánamo.

El arrendamiento de las tierras y aguas cubanas al gobierno de los Estados Unidos para el establecimiento de la base naval en Guantánamo, según el Tratado Permanente de 1903, se realizó por el tiempo que necesitara Estados Unidos.    Al no fijarse fecha de devolución y quedar a perpetuidad si así lo deseaban los estadounidenses, se viola lo establecido legalmente para este tipo de convenio, pues resulta un absurdo jurídico que el propietario de algo no sea capaz de recuperar en un momento dado su propiedad.

Cuba sostiene que el camino para recuperar este enclave ilegalmente ocupado, es el de la solución pacífica y negociada;  pero sin renunciar jamás a esa porción del territorio nacional.

Los ocupantes tendrán que retirarse bajo el peso de la historia y la razón.


lunes, 11 de junio de 2018

Vargas Llosa y la violencia.

Mister Mario siempre extiende su mano a la extrema derecha.

Atilio A. Boron.

Demostrando que los años lejos de tornarlo más sabio han potenciado su obcecación y su fanatismo Vargas Llosa declaró hace un par de días en Madrid que la elección de Gustavo Petro en la próxima elección presidencial de Colombia sería un grosero error. 

Según el novelista peruano Petro es “un candidato muy peligroso que puede empujar a Colombia cada vez más hacia soluciones de tipo colectivista y estatista, es decir, a un populismo.” 

Por supuesto, se trata de opiniones que carecen de fundamento. A esta altura de su vida Vargas Llosa no se preocupa por estudiar seriamente los temas sobre los cuales opina sino que emite despreocupadamente sus “ocurrencias”, productos cerebrales que no deben confundirse con las ideas, que son expresión de un razonamiento complejo por completo ausente en aquéllas. 

En el caso que nos ocupa no sólo el Nobel peruano no se tomó la molestia de estudiar la propuesta de Petro y de Colombia Humana, la coalición política que lo apoya, sino que además se permitió incurrir en un dislate mayúsculo al afirmar que Colombia “es una democracia que funciona; las instituciones en Colombia funcionan, hay una tradición institucional.” 

Una democracia que estuvo en guerra durante más de cincuenta años y que por la presión de una parte del Congreso y el Poder Judicial (no así la Corte Constitucional) ha incumplido y saboteado sistemáticamente el proceso de paz. 

Recordar también que, cuando consultada, la población rechazó los acuerdos de paz entre el gobierno y la guerrilla (50.2 % por el no, 49.8 % por el sí) y los medios de comunicación tuvieron mucho que ver con tan lamentable resultado que mostró, además, la profunda fractura que divide a la sociedad colombiana. 

Una democracia que, según cifras oficiales “desde el momento de la dejación de armas en junio de 2017, han sido asesinados 85 ex combatientes o sus familiares … y entre comienzos del año pasado y lo corrido de este, la violencia homicida ha recaído sobre 260 ‘líderes sociales’, entre los cuales cuentan parte de los 166 de Marcha Patriótica asesinados entre el 2011 y 2018”. 

Seguramente cuando Vargas Llosa habla de “tradición institucional” estará pensando en la que instituyó el padrino del candidato que goza de su favor, Iván Duque. Hablamos, claro está, del narco político Álvaro Uribe Vélez, denunciado como tal por el FBI y la DEA en 1991 y que desde entonces es un rehén de Washington, so pena que le pase lo que le ocurrió a otro narco presidente, el panameño Manuel Antonio Noriega, que terminó purgando una condena de cuarenta años de cárcel. 

En su condición de rehén de Estados Unidos Uribe -y por extensión su peón, Iván Duque- deberán hacer lo que Trump les ordene. Y si el rehén del rehén no obedece Uribe puede seguir los pasos de Noriega. 

Seguramente que para Vargas Llosa este es un detalle menor que para nada empaña la inmaculada tradición institucional de Colombia. Lo mismo que haya 13 estrechos colaboradores durante la presidencia de Uribe Vélez condenados o procesados por la justicia colombiana.   

O que, cuando presidente, Uribe Vélez hubiera organizado el reclutamiento (o el secuestro) de miles de jóvenes colombianos de los pueblos más apartados del país engañándoselos con la promesa de un empleo, se les vistiera de guerrilleros y luego se los fusilara, para mejorar las estadísticas, presentando a esas víctimas como prueba de la “eficiencia” de la política de combate a la guerrilla que proponía el presidente. 

Hay que recordar que cómplice de estos crímenes fue el actual presidente Juan Manual Santos, que era su Ministro de Guerra. Las fosas comunes que se encuentran por todo el territorio colombiano son otro indicio de la calidad de la democracia de ese país, puesta en peligro ahora por la candidatura de Gustavo Petro lo mismo que los más de siete millones de desplazados por el paramilitarismo, el narcotráfico y el conflicto armado. 

En fin, las listas de las monstruosidades perpetradas por esta peculiar “democracia” colombiana sería interminable. 

Pero eso no arredra en lo más mínimo a Vargas Llosa, devenido en un killer literario fiel a sus reaccionarias obsesiones y leal con sus jefes políticos en Washington y Madrid. 

Por eso sale a matar con sus palabras a quienes, como Petro o López Obrador hoy, y antes Cristina Fernández, Dilma Rousseff, Lula, Chávez, Maduro, Correa, Evo, Kirchner, en suma, a todos los que tuvieron la osadía de negarse a ser sirvientes del imperio. 

¿Cómo calificar la conducta del narrador peruano?   Simple. 
Eso se llama “apología de la violencia”, y es una figura criminal.